• Isabel Camus

Saciedad...Aprende a reconocerla y lograrla.

Actualizado: 19 de dic de 2019


Te parece conocida esa sensación de tener hambre aún cuando recién comiste, te es familiar la preocupación de qué vas a comer luego o la experiencia de que comiste algo saludable pero quedaste con hambre o que tuvo que ser en grandes cantidades para quedar satisfecha. Ninguna de las experiencias anteriores es agradable, ¿no?

Pero, si te digo que puedes aprender a alcanzar la saciedad de diferentes formas, te traería eso una luz de esperanza? En mi consulta, he acompañado a mujeres a encontrar esos nutrientes, sabores, texturas, olores, temperaturas que las ayudan a alcanzar la tan buscada saciedad.

Y hoy quiero compartirte algo de este camino, para que te vayas encontrando poco a poco con la guía que te da tu propio cuerpo y cuando surjan las dudas, aprendas a darte tus propias respuestas.

Lo primero que es importante hacer es definir cómo nos queremos sentir. La alimentación tiene el objetivo de nutrir nuestro cuerpo para que nuestro cuerpo nos acompañe en el avanzar por la vida que queremos. ¿Cuál será nuestro principal objetivo? Vitalidad, agilidad, alegría, foco y claridad mental, relajo, ¿qué nos hace falta para sentirnos mejor y mejorar nuestra calidad de vida?

Una vez identificado tu estado físico y emocional deseado, puedes seguir los siguientes pasos para avanzar hacia la saciedad:

  1. Identifica una comida en el día en la que te cueste lograr la saciedad.

  2. Define el estado corporal y la emoción, que quieres que acompañen tu vida en las horas siguientes a esa comida.

  3. Investiga los nutrientes que te ayudarán a construir ese cuerpo y emoción.

  4. Descubre los alimentos que te gustan y que aportan esos nutrientes.

  5. Haz una lista de los alimentos que más te gusta comer en esa comida del día, tus ideales, no tienen que ser saludables, sólo gustarte. Analiza qué características de ellos son las que te gustan a esa hora. Es el sabor, el olor, cómo se ven, lo que te recuerdan, la textura al tacto o en la boca (crujiente, cremoso, liviana, etc.) o cómo se escuchan al comerlos, el efecto inmediato (relajación, euforia, sueño), la temperatura, cómo se siente el peso de tu estómago después de comerlos, etc. Sé lo + sincera contigo misma que puedas. Muchas persona dicen sentirse asqueadas por la sensación de un estómago pesado pero al mirar con detalle se dan cuenta de que en realidad tienen miedo de no sentirla porque podría significar que tienen hambre. (Luego concluyen que era sólo costumbre y que no tiene nada que ver con sentir saciedad o no)

  6. Busca alimentos o combinaciones de alimentos que tengan características similares y sean nutritivos. Que esos nutrientes que contengan aporten de alguna forma, a la emoción y cuerpo que quieres construir. Aquí, juega la creatividad. La lluvia de ideas, aunque sean descabelladas, te ayudará mucho.

  7. Pon a prueba tu nueva comida. Pero ¡OJO! que tu objetivo sea entenderte para poder ir mejorando lo que te ofreces. Y así lograr una comida con los nutrientes necesarios y que te guste. Que tu objetivo NO SEA el no consumir lo que has comido hasta ahora. No tiene que ser una comida perfecta en tu día, sólo tiene que ser mejor que lo que estás comiendo hoy.


Para darte algo más de claridad te comparto unos ejemplos. A mí, me pasa que si no agrego algo dulce a mi snack de frutos secos de media mañana puedo seguir comiendo frutos secos y semillas más allá de mi límite de saciedad biológica y también, me queda la sensación de que no he comido algo que me gustara. Así que agrego pasas, cranberries, dátiles, higos, coco, goji, etc. Y entonces sí como mi porción saludable y además obtengo los beneficios de estas frutas.

¡Ese sí que es un ganar-ganar! ;)

Una ingeniero ambiental con la que trabajé hace un tiempo, me dijo que descubrió que en las noches mientras no comiera un snack salado, tipo nachos o totopos, papas fritas, ramitas, etc. no paraba de comer y como trataba de comer otras cosas, comía y comía sin sentirse satisfecha ni agradada con lo que había comido. O había días en que se entragaba al antojo y se comía un paquete familar ella sola.

Entonces, hizo el ejercicio y se permitió cenar (de manera nutritiva y saludable) y además agregar una porción de un snack. Lo primero que probó fueron semillas de maravilla con sal pero le pareció que aún podía comer muchas y no paraba. Entonces llegó al clásico maní salado que siempre evitaba por las calorías (pero adivina que es mejor, el maní o las ramitas). El maní le gusta y luego de una ración pequeña empieza a sentir que es algo pesado por lo que le dan ganas de parar.

Así cada día, dependiendo de sus ánimos, al llegar a casa o al terminar su cena, se empezó a comer una pequeña porción de maní salado. A veces lo reemplaza por una porción de papas fritas (las papas tienen nutrientes que alimentan sus células) o por habas fritas saladas (también alimentan sus células).

Al principio le complicaba que sus hijos y marido, querían tener en casa snacks no nutritivos, pero a poco andar, ellos se sumaron a lo que ella estaba comiendo y hoy mantiene porciones más pequeñas de snacks no saludables en su cocina. Su impulso de comerlos ha disminuído porque tiene disponible otros snacks que le gustan y le hacen sentir bien después de comerlos, física y emocionalmente. Cuando se va a la cama no siente que se privó de todo. Siente que logró un equilibrio.

Por supuesto hay días en que el estrés de su trabajo la hacen repetirse la porción de papas fritas hasta 3 veces me ha dicho pero en lugar de frustrarse con ella misma y conmigo, como le pasaba al inicio, piensa cómo puede hacer la próxima vez para que lo que pasa en su trabajo la dañe menos, cómo liberar algo de esa ansiedad de otra forma o cómo encontrar consuelo y contención en sus seres queridos. Y así esos eventos se han ido espaciando más y más en el tiempo.

Espero que este artículo te inspire a hacer tus propias pruebas y te encuentres con tu guía interna.

Un abrazo y hasta la próxima!!

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