• Isabel Camus

Comer calma mi ansiedad de controlar a otros.

Actualizado: 19 de dic de 2019


“La comida me ayuda a calmar la ansiedad, eso es lo que he identificado pero no sé de dónde viene toda esa ansiedad. Mi vida hoy es tranquila, tengo lo que necesito y quiero, podría mejorar en ciertos aspectos pero en gral. estoy bien. Pero me veo comiendo con desesperación y no sé qué hacer con eso. No pienso antes de comer ni mientras como, sólo quiero comer en ese momento, no quiero pensar, no quiero parar.”

Esto era lo que me contaba Rosario cuando llegó a consultar conmigo. A través de los ejercicios y sesiones descubrió que su niñez había dejado una huella en ella que la hacía sentirse insegura, esta inseguridad respecto de lo que podía pasar y de si ella estaba preparada para muchas de esas posibles situaciones que podría tener que enfrentar la hiciera una mujer orientada a la prevención y la seguridad. De hecho, de ello, había hecho su carrera profesional. Tenía la facilidad a flor de piel para identificar riesgos y disfrutaba supervisar la ejecución de planes mitigadores.

Pero esa habilidad que le era tan útil en su vida laboral, le estaba jugando una mala pasada en su vida personal. Muchas veces una niñez en la que no nos sentimos seguras deja una huella nosotras, una necesidad importante de controlar nuestro entorno, nuestras relaciones y así mantenernos en el terreno de lo seguro. A veces es porque los padres no hablan de todos los peligros posibles y en su sobreprotección nos hacen pensar que somos poco capaces de reaccionar ante la adversidad o a veces es lo contrario, nos faltó protección y quisimos ser la fuente de la protección que nos faltó de nuestros padres.

En ambos casos, como le pasaba a Rosario, el resultado puede ser una persona que desconfía de los otros, que tiene baja tolerancia a que las acciones de otros no respondan exactamente a sus expectativas o a lo planeado. Y como eso sucede a menudo en el relacionarnos con otras personas, produce una gran cantidad de ansiedad. Rosario sentía ansiedad de tener lidiar con situaciones que no quería, que no había planificado y que no conocía o simplemente de tener que lidiar con consecuencias que pudieron evitarse. Ansiedad por el miedo que le producía de niña no lo inesperado, desconocido y lo que no le agradaba.


Sin embargo, hoy ya no era niña. Era una mujer de casi 40 años, con muchos más recursos, la capacidad para autosostenerse y comfortarse, pero que seguía enganchada a esa ansiedad que había sentido de niña ante de la incertidumbre de su vida. Lo que nos falta de niñas suele anclarnos a ciertas emociones y acciones que nos sirven de protección en la niñez, pero nos estancan en la adultez. Se vió gestionando su ansiedad con la comida. Entendió su voracidad y me dijo con alivio, “es como si quisiera comerme al mundo, para controlarlo y asegurarme de que estaré bien.”

Lo que trabajamos con Rosario para que empezara a soltar esa necesidad de controlar, fue utilizar su cuerpo, empezar a construir en ella un cuerpo menos tenso y más confiado, para que se conociera y reconociera en esa disposición corporal. También trabajó de forma paulatina en el reconocer sus capacidades para enfrentar diferentes situaciones inesperadas y en aceptar la naturaleza inesperada de la vida, aceptar la diferencias de miradas con otros, exponerse a consciencia a situaciones que la obligaran a usar su creatividad para encontrar la alegría de un momento en que todo sale al revés, la paz y el disfrute de entregarse a las planificaciones de otros, para cultivar la calma en los momentos que no cumplía con sus expectativas. Y reconocer que como inesperadas pueden ser las dificultades, inesperados pueden ser los recursos para enfrentarlas exitosamente y que los fracasos, pueden dañar profundamente a niños pero también fortalecen a adultos.

Rosario, se descubrió ansiosa, con miedo, habiéndose aislado, se miró, se reconoció, valoró su camino y las fortalezas y debilidades que le dejó y empezó una nueva de nutrir su alma y cuerpo. Poco a poco, sin apuro, conquistando los miedos, conquistando la ansiedad.

Si, quieres descubrir las emociones que gatillan tu hambre y aprender manejarlas de una forma que te permita nutrir tu alma y tu cuerpo, escucha mi clase 4 Pasos para Mejorar tu Relación con la Comida y postula a una sesión inicial gratuita conmigo en el link abajo a la derecha.

Un abrazo!


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