• Isabel Camus

¿Cómo es que al aceptarnos como somos, empezamos a cambiar?


Es paradójico pero tiene una explicación racional, que al analizarla tiene todo el sentido del mundo. Solemos hacer lo contrario, sin embargo. Cuando identificamos algún aspecto de nosotras, que no nos gusta, tendemos a actuar desde el castigo, diciéndonos que no nos permitiremos tener esa característica indeseable. Lo que se desencadena posterior a esa decisión es que no nos permitimos entender lo que nos hace actuar como actuamos, pues estamos tratando de no contarnos que estamos siendo esa persona, que hemos decidido no ser.

Como cuando sientes que te comiste el paquete de galletas antes de saber que te las estabas comiendo. Lo que sucede es que no te alcanzas a reconocer en tu deseo, porque estás intentando ser una persona que no tiene ese deseo. No reconoces el deseo, no lo escuchas pero está ahí y te hace actuar. La emoción detrás de ese deseo de comer galletas, está ahí y te hace actuar.

Te comes las galletas pero en una actitud interna de no conectar contigo para no ver que estás siendo la indisciplinada, la descontrolada o lo que sea que el comer sin hambre represente para ti.


ACEPTARSE IMPLICA MIRARSE Y RECONOCERSE, DEJAR DE HACERSE LA LESA.

Aceptarse como punto de inicio, en cambio, implica mirarse y reconocerse, implica escucharte en los deseos que te llevan a ser esa persona y más importante aún, implica reconocer la emoción que está detrás de tu deseo y acción. Recordemos que el 100% de nuestras acciones son gatilladas emocionalmente, algunas emociones son más conscientes que otros pero siempre detrás de una acción hay una emoción.

Al reconocer la emoción que gatilla mi deseo y mi acción, puedo empezar a pensar o encontrarme con acciones que consideren quien que soy (soy una que quiere comer cuando no tiene hambre o que quiere comer aquello que no le aporta bienestar) en vez de tomar acciones de mejorar como si fuera una persona que prioriza su bienestar.

A partir de esa aceptación y disposición a observarme y aceptarme me conecto con la emoción a la base, me conecto con lo que puedo hacer para satisfacer la emoción que hoy busco satisfacer con esas galletas.

Todo este proceso se me pasa por alto cuando sólo me digo que no voy a comer x alimento o en tal ocasión.

Entonces ¿cómo va? Soy una que se quiere comer todos los mini-pasteles en un cocktail o fiesta, la siguiente vez que eso me suceda, acepto tener ese deseo, entonces empiezo a mirar las emociones que los acompañan, las que lo preceden y las que vienes después, cuando como y cuando no.

Una vez identifico las emociones involucradas, busco opciones de satisfacer esa necesidad detrás de la emoción o busco opciones de interpretar la vida de tal forma que no me genere esa necesidad. Por ej. Si comes porque quieres pertenecer al grupo, o comes porque te sientes evaluada y comer es una forma de hacer algo que te distrae de sentirte observada, o si comes porque quieres sentir que tú también puedes disfrutar la vida y sientes que no tienes otras oportunidades de disfrute, etc. los ejemplos son tantos como personas en el mundo. Lo importante es que aprendas a descubrir y escuchar la tuya.

A partir de ese descubrimiento los caminos también son distintos y son mucho más efectivos. Y el deseo, al encontrarse con esa consciencia, cae. Y el control sobre tu cuerpo vuelve. El control sobre lo que comes surge en ti y el control sobre tu vida aumenta y lo mejor de todo, el disfrute de ti misma te invade…

¡Te espero para una sesión en la que puedes iniciar el camino para descubrir esto y mucho más!

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